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Yvonne Denis: justicia criminal

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altYvonne Denis, autora de la premiada colección de cuentos Capá Prieto, ha publicado la novela Bufé (2012) con la editorial  Isla Negra. Dos historias paralelas componen  la obra conformada por veinte capítulos. Una se centra en la corrupción de un gran bufete corporativo y es una especie de thriller de tono detectivesco.

La otra, que inicia el texto, gira alrededor de una voz femenina, la de Marina Algas, que ofrece datos sobre su familia, el sector socioeconómico más bajo, el Puerto Rico urbano y la corrupción. Está narrada en primera persona, contrario al otro relato en el que el punto de vista es de tercera. Marina es uno de los personajes protagónicos de la segunda parte ya en su fase de adulta.  El segundo relato es el que mayor espacio tiene en el texto. Ambas secciones comparten un contexto citadino y el lado oscuro de la globalización en una isla del Caribe hispánico.

El mundo presentado en el bufete es el de los blanquitos, el de los yuppies, el del negocio ilegal legitimado gracias a las leyes y a las relaciones que poseía el emporio de abogados de la firma McCormick. Pero, el mayor interés de la autora no es centrarse en la vida o los sucesos de un personaje sino en la trama laboral y social de la época que plasma. Se trata de una novela social y polifónica, como diría Bajtin, focalizada en lo testimonial.  Narrada de forma mayormente realista, tiene como uno de sus aciertos el que no construye personajes chatos. La figura de Marina Algas, contratada por el bufete, se destaca por su inteligencia y perspicacia, y es quien se distingue por ser diferente de las demás empleadas, aunque no se salva de caer en las redes del deseo y la sexualidad del abogado Antonio Garza,  uno de los personajes centrales y socio administrador, quien le ofrece el trabajo por su atractivo y experiencia. Denis no construye una heroína moderna sino una mujer de nuestro tiempo, que trabaja en el campo legal privado luego de haberlo hecho en el ámbito público, y que aunque se da cuenta de que allí se ejecutan transacciones ilegales y se defiende la violación de los derechos ciudadanos, al fin y al cabo es también susceptible al asedio amoroso de uno de los socios principales de la firma, así como al silencio sobre la corrupción que reina en las oficinas. Garza es descrito por la autora como “amigo de sus enemigos y también enemigo de sus amigos”. (p. 31) Podríamos decir que es un personaje heredero del abogado Garduña creado por Manuel Zeno Gandía en la novela que lleva su nombre. Desde un principio Marina recibe la confianza de Garza, así como privilegios, para que pudiera trabajar arduamente con  el caso de Motrol, compañía japonesa fabricante y distribuidora de productos satelitales que sostenía un patrón de engaño al consumidor del cual había conocimiento en el bufete o bufé como prefiere llamarlo la autora, no en un simple acto de simplificación lingüística sino en una forma que diluye la visión todopoderosa de la empresa.

La autora describe de forma detallada el lujo de las oficinas que contaban con obras de arte, tecnología al día, biblioteca amplia, salas de conferencia, cuartos y baños ocultos y un gran número de empleados que a su vez  se dividían según sus quehaceres. La recepción era majestuosa, emblema del poder de la compañía que atendía selectos clientes adinerados a quienes servía con astucia. Una de las descripciones de Denis sobre la información atesorada nos indica el nivel de la firma legal ubicada en Hato Rey, justo en la zona puertorriqueña conocida como la Milla de Oro, cronotopo donde reinan los bancos e inversionistas y lugar donde se encuentra la crema y nata de los abogados de corporaciones defensoras de grandes monopolios y desarrolladores a los que no les importa el ambiente como bien nos hace ver la autora.

La biblioteca principal contenía la colección encuadernada en piel más antigua de las leyes de la Isla en una vitrina custodiada por una cámara. Los sistemas de investigación legal computadorizados estaban ubicados en un sinnúmero de cubículos privados con la máquina impresora accesible, además de la extensa compilación de textos legales, revistas jurídicas, periódicos, diccionarios no solo del país, sino a nivel mundial. Así que había amplia información cosmopolita entre esas redes. (p. 25)

El poder de la firma se extendía a toda la isla, afirma el narrador omnisciente y seguramente más allá de sus fronteras.

La escritora resalta la diferencia entre las jerarquías de abogados que allí laboraban. Algunos jóvenes eran casi vasallos de otros abogados de mayor poder y eran quienes ejecutaban las investigaciones, la labor ardua que sería utilizada por los más prepotentes.

En ocasiones algunas escenas se tornan paródicas e hiperbólicas como cuando se presenta la fiesta de Navidad y el Succhi bar, elementos ambos que formaban parte de los privilegios de los que allí trabajaban, a pesar de que sus condiciones laborales  eran a veces semejantes a las feudales. Las mujeres del relato omnisciente pertenecen por igual a ese ámbito de intriga legal, pues competían de forma semejante a los hombres y solo una había llegado a ser dueña y accionista principal de la corporación compuesta por abogados varones. (p. 91) De hecho, las mujeres escogidas para trabajar en el bufete tenían como requisito su belleza.

El lujo descrito en el relato que tiene como lugar la Milla de  Oro contrasta con lo expuesto en la narración de Marina que inicia el texto. La obra se desarrolla por medio del contrapunto entre ambas partes: una ubicada en un lugar privilegiado, la otra en la zona de una clase media ascendente que, aunque llega a tener éxito, se mantiene en la hibridez social  debido a su color y a que no está inserta en círculos de poder. Se trata de una familia mulata que logra el ascenso económico tras la compra que hace el padre de más de una lavandería. Luis Miletti ha señalado que en su libro Capá prieto la autora aborda de manera novedosa la presentación del negro, en este caso de mulatos, al no circunscribirlos a ámbitos de pobreza y de sufrimiento. (“Poder, imagen e identidad en Capá prieto” 189) En este libro los actantes de la familia de Marina no son seres sufridos o sumisos, elemento semejante al de su primera obra. Lo cierto es que Marina llega a trabajar en un poderoso bufete. La familia prospera económicamente y llega a darse lujos que muchos blancos no conciben. El padre de Marina se convirtió en un propietario. Mas, el espacio en que se desenvuelve mayormente es el de la ciudad de clase media y pobre. Por eso la ciudad fragmentada es uno de los elementos visibles en  la obra. Mientras en la Milla de Oro el lujo define al bufete de abogados, en la zona de Capetillo en Río Piedras donde se tomaban las guaguas los cuerpos son otros. La zona de Santurce también es presentada como un espacio en que la gentrificación, el desahucio de cientos que allí vivían, era ocasionada por el deseo de higienización de la ciudad postmoderna que no admite la barriada y su diversidad, los cuerpos de otros colores o las vestimentas raídas. En referencia a los parientes de su padre Marina narra que “habían sido todos expropiados de la parada 27 en Santurce y vivían a la merced del Gobierno. Entre ellos, los vecinos, sí había una unión inquebrantable producto del desazón de haberles quitado el espacio donde vivían por más de cincuenta años”(p. 98) La gentrificación ha sido estudiada en la literatura por Myrna García Calderón en su libro Espacios de la memoria en el Caribe insular y sus diásporas. La narrativa contemporánea, en su afán de testimoniar las marginalidades, no deja fuera este proceso del capitalismo salvaje como lo hacen Yvonne Denis y los autores que menciona García Calderón.

En su primer libro la autora abordaba de manera frontal el tema de lo racial. Aquí es también un elemento importante, como hemos señalado. Marina detesta que su madre la lleve a alisarse el cabello. Lo racial crea tensiones en una pareja de casados y hasta una vieja foto que mostraba el afro de un empleado del bufete le incomoda a este. Hay también un trato diferente en el colegio al que asisten la narradora y su hermana que se sugiere se debe a su color de piel. Las alusiones a familiares negros son varias, según se aprecia en el relato en primera persona que es el que reitera la presencia negra. Asociado al tema de lo racial también se encuentra el de la práctica de la santería del tío de Marina que vivía en Nueva York y que era babalao, elemento este no muy trabajado en la literatura puertorriqueña no empece el cultivo alternativo de una religiosidad afroantillana que se da en la Isla y que amerita al menos un estudio antropológico.

Poco a poco Denis lleva al lector a la posibilidad del asesinato dentro del propio bufete. Federico Bruma, abogado corrupto, es removido de su puesto en el que se coloca al prominente Alberto Cuervo y esto le lleva al paroxismo que le induce a colocar medicamentos en la bebida de Garza. No sabemos con certeza qué sucede con las figuras de Garza y Marina porque el final se torna metafórico. El monstruoso olor que diás después sale de ciertas oficinas da la sensación de una putrefacción que permea a todo el edificio, de que un cadáver ha quedado allí atrapado. Sí tenemos, en cambio, la seguridad de que la corrupción, elemento en que se focaliza la autora, era la orden del día en esta entidad privada, legitimadora a su vez de un orden social asociado al neoliberalismo.

Los sectores medianos no escapan de sufrir la corrupción de diversas formas, pues el padre de Marina es asesinado. La sátira mordaz al mundo legal en esta obra es evidente. El ojo que observa con tanta agudeza las relaciones sostenidas en estos círculos, el de Yvonne Denis, está empapado de un saber judicial. La caribeña escritora estudió justicia criminal, además de escritura creativa. En esta novela aborda un tema novedoso, puesto que descubre mediante su ojo fisgón uno de los centros hegemónicos del capitalismo en el Caribe. Con ello expande las temáticas cultivadas por la nueva camada de escritores y escritoras que abordan el Puerto Rico contemporáneo desde lo contestatario. Esta vez el poder se queda al desnudo mediante la fuerza de la palabra de Yvonne Denis Rosario.