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Bufé… algo más que pescado crudo

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altHace unos años los hermanos Joel y Ethan Coen realizaron una película muy ocurrente titulada The man who was not there (Dir. Joel Coen, USA-Reino Unido, 2001). La película en la cual actúan entre otros actores y actrices, Billy Bob Thornton, a pesar de tener una compleja y sumamente densa trama, uno tiene la sensación por el ritmo de esta película noir, de que nunca pasó nada. Es decir, el título honra la película: Ed Crane, representado por Billy Bob Thornton, es un hombre que a pesar de todos sus problemas, la vida en la película transcurrió como sin nada realmente hubiese pasado.

En esta su segunda obra la escritora puertorriqueña Yvonne Denis-Rosario titulada Bufé (Isla Negra Editores, San Juan, 2013), se plantea la historia de un prestigioso bufete de abogados de la ciudad capital de Puerto Rico, San Juan. La historia del bufete, narrada en tercera persona en torno a la llegada de una asistente jurídica de nombre Mariana Algas, se entremezcla con una historia en paralelo y narrada de forma no concluyente en torno al proceso de crecimiento y de vida de la protagonista. En un lado la historia en la oficina de abogados, donde se reproduce el poder, y en paralelo la emergencia de una familia de clase media baja, empresaria, que va escalando poco a poco en los malabares de la vida del “pobre de a pejeta” de Puerto Rico. La historia de la niñez, distinta a la del bufete, se va narrando en primera persona, desde lo que aparenta ser la memoria de la protagonista, Marina Algas.

Sorprendidos hace unos años con su opera prima, Capa Prieto (Isla Negra, San Juan, 2009), Yvonne Denis-Rosario deslumbró a muchos, incluyéndome a mí, por la creatividad de aquellos cuentos comprendidos en dicho volumen donde el racismo y la historia nacional de Puerto Rico se mesclaban. No obstante, en Bufé, la relación de la sorpresa con la historia está un tanto más comprometida, para utilizar un lenguaje de médico en cuido intensivo de un paciente. Es una obra que desarrolla una idea interesante, pero que mantiene unos tonos inconsistentes en cuanto a su estética, narrativa e historia.

El sentimiento es el mismo que tuve al ver la película de los hermanos Coen. A pesar de que la novela intenta ser toda abarcadora en contar como es la vida en un bufete, uno guarda la sensación de que algo grande va a pasar, pero nunca pasa. Se diluye la historia en demasiadas historias narradas, que no amarran lo que en apariencia era la intención inicial de la autora: narrar las contradicciones de las clases sociales en Puerto Rico. Este detalle se escapa, y la contradicción del poder, pero sobre todo la resistencia al mismo se pierde.

Narrada la obra a dos tiempos en 21 capítulos, hay dos momentos cruciales en la obra que aunque potencialmente climáticos, se nos van. Uno de ellos en el capítulo 13, cuando finalmente la protagonista, Mariana Algas, estando en un viaje de trabajo junto a su jefe, Antonio Garza, terminan acostándose. ¿Cómo les fue en el sexo? ¿La mordió, lo mordió, se protegieron para no transmitir enfermedades? ¿Cómo nunca se vuelve a hablar de este evento, cuando para la protagonista era parte de un deseo muy profundo? ¿Intentaba ella ascender de clase social? La narrativa en este momento potencialmente climático, nos deja como habernos tomado un vaso de agua fría. Nada pasó.

El segundo momento potencialmente climático es cuando luego de una acusación de corrupción a un miembro del bufete, se convida a todos los empleados de la firma a departir en un bufe de comida japonesa, sushi. Jugando entre la palabra bufete y bufé, en el capítulo 19, la narrativa y estética del libro combinan y tornan la lectura en una transgresiva. Se trata de una oferta de comida, a hombres y mujeres, donde los sushis se sirven sobre el cuerpo de una mujer desnuda. No obstante, este momento fue y no fue, pues todo el mundo mantiene el orden a pesar de que se hicieron algunos comentarios picantes o chispeantes.

Ese es el problema de la obra: que no se atrevió a ser transgresiva. En la cultura de la abogacía, una que conozco bastante bien, había que darle rienda suelta a lenguaje soez y profano que caracteriza a esta profesión. El mundo de la lujuria, drogas, ilegalidades y legalidades rampantes, está ajeno a esta obra. Es un tratamiento muy cuidadoso y medido de la profesión jurídica.

No obstante en sus dos últimos capítulos, 20 y 21, la obra intenta agarrar otra estética narrativa, y se mueve un tanto en las rutas del lenguaje creativo y lo surrealista. Pero para mi gusto, ya era muy tarde. Se terminó la novela, y nuevamente, como en la película, the man… was not there.

Pero no digo más. En el largo camino de trabajo escritural esta es una obra que quedará pequeña a la contribución literaria que Yvonne Denis-Rivera ya ha comenzado a darnos y que continuará ofreciéndonos. Es una obra a ser leída, aunque de forma crítica.