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Política

Eusebio Leal Spengler "No podríamos entender la Revolución sin la República"

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alt[Nota Editorial: el periodista Pedro Zervigón nos pasa esta entrevista realizada al Dr. Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana, concedida esta entrevista —especialmente para este número de Temas— al periodista Pedro Martínez Pírez, miembro de nuestro Consejo Editorial].

(La Habana, 1:00 p.m.)Pedro Martínez Pírez: Eusebio, ¿República mediatizada, seudorepública o simplemente república, la cubana que nació el 20 de mayo de 1902 y terminó el Primero de enero de 1959?

Eusebio Leal Spengler: Creo que república, y que, además, es una república que nace bajo las circunstancias de no ser la hija legítima de la Revolución, sino su aborto. Quiero decir: se había fundado una república en Guáimaro, ahí está nuestra tradición revolucionaria, democrática. Los principios fundamentales de nuestras esperanzas futuras se sentaron en Guáimaro, en abril de 1869. Si observamos el proceso que vino después, vamos a ver cómo a partir de la creación de ese territorio libre del colonialismo español —el que el Ejército Libertador pudo sostener y donde, queramos o no, estuvo el gobierno revolucionario con todas sus luces y sombras—, nace ese proceso. Y se extingue cuando se declara disuelto el Gobierno Revolucionario, no el que fenece con la paz de El Zanjón, y ni aun con el Consejo Revolucionario que se crea después de la Protesta de Baraguá, y que persuade a Antonio Maceo de la necesidad de su partida al exterior, convenciéndolo de que no perezca en una reyerta inútil, cuando ya no había esperanzas materiales y solamente quedaba y quedaría el eco y la luz del acto moral de Baraguá; sino el que termina después de los hitos posteriores, aun el de 1895, con la disolución del Ejército Libertador más tarde, y con la del gobierno presidido por Bartolomé Masó.

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No a la estadidad, aunque juntos pero no revueltos (Debate)

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Carmen Caro el enunciado es correcto, la conclusión, aunque es una secuencia lógica, no necesariamente, tiene que serlo.

Así le digo, a esta compañera, que entre sus preocupaciones patrióticas, como la inmensa mayoría, de los que afirman la nación, creen y procuran, algo llamado unidad. Hace un tiempo, antes de huracanes, temblores y pandemias, dije, muy consciente de que podría pisar algunos callos, planteé, como una posibilidad, que era necesaria algún tipo mínimo de articulación, relación, confluencia.... ante las condiciones de nuestro país era fundamental, el uso de algún accionar de alianza: Decía, en algún momento, tendríamos que plantearnos..." Unidad con los líderes a la cabeza o con la cabeza de los líderes". Ni siquiera hablamos de "unidad", reducíamos por experiencia histórica, ese objetivo central, que está en todo los programas, de todas las organizaciones independentistas. Pues rebajémoslo a, articulación, armonía, relación, comunicación formal. Considerando el momento coyuntural que vivimos. Es aún más serio, nuestros líderes, confiesan, que aun eso, no es posible. Imagínese " No lo lograron, Hostos, Betances, Albizu..." Eso nos da una radiografía, de la comprensión profunda, de la importancia, del momento histórico, y la necesidad de articular, ese pilar de la lucha. Sobre todo hoy que las condiciones materiales están presentes y el gran invitado de honor no asoma la cabeza, la construcción del sujeto social- político ( las condiciones subjetivas) que puedan ayudar a transformar la situación, del quítate tú, para ponerme yo, la corrupción y el pillaje, la indolencia y el desprecio al pueblo, la desarticulación e ineptitud, casi total, que a lo que apunta es a la crisis de la estructura colonial, en su conjunto. Eso sería otra nota.

Las bases, no estamos pidiendo lo máximo, la unidad, que no es real, hoy, por la acumulación continua de errores en el pasado. Lo que se pide es, apostando al patriotismo y el desprendimiento, el mínimo, articulación, armonía, una relación de comunicación y respeto.

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Washington colapsa y Puerto Rico no cesa en pedirle ayuda

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Columna: Carlos Arroyo, el adiós de un símbolo | El Nuevo Día(San Juan, 9:00 a.m.) Lo mejor de toda la historia de la pandemia del Covid-19 ha sido vivir en la parte final, la más decadente, del imperio americano. Estamos viviendo el colapso de un país, cuya administración y desarrollo económico lo están llevando a unos límites en su crecimiento, con las implicaciones que esto tiene para la relación colonial Puerto Rico/EE.UU. Lo interesante es que los gobiernos de turno en Puerto Rico, no se dan por aludidos que la situación los EE.UU. nos fuerza a tomar decisiones independientes de ellos, y nos lleva a pensarnos de forma libre.

Nadie ha planteado que, ante la crisis, el gobierno de Puerto Rico actuó en todo momento como un país libre y soberano, sin mucha influencia o relación con lo que pasaba en los EE.UU. Puerto Rico cerró sus fronteras marítimas, limitó los accesos aéreos, por vía de un solo aeropuerto, y estableció el principio de una aduana o sistema de inmigración para establecer un cernimiento con los pasajeros que llegan al aeropuerto. En fin, que Puerto Rico actuó y se pensó como un país libre.

Por otro lado, no es posible pensar que en la relación colonia/imperio, los boricuas solo se dediquen a pedir, y nunca a dar. Es curioso que no hubo un solo gesto del gobierno colonial por enviar ayuda a ninguno de los estados o territorios de los EE.UU. Esto es un dato curioso, pues Puerto Rico ha mantenido una desocupación de las camas de un 50 por ciento (3 mil camas disponibles y no utilizadas), mientras las camas en unidades de cuidado intensivo, ha mantenido un 30 por ciento de camas disponibles; y tiene un total de 700 ventiladores no utilizados de un total de mil en promedio para la isla.
¿Alguien ha visto el movimiento de parte del gobierno de Puerto Rico de ofrecer lo disponible en la isla, para lo necesitado, por dar un ejemplo, en la ciudad de Nueva York? ¿en San Tomas? ¿En Santa Cruz?

Los boricuas han establecido una relación de uso y disfrute de los fondos federales que han creado un sentido de acreencia o derecho a pedir y pocas veces dar. Esa postura adoptada por el gobierno de Puerto Rico, así como por gran parte de la población crea una dependencia en reversa que merece ser estudiada. Lo mejor de esta práctica, es que fuerza un rechazo de los EE.UU. a incorporar un territorio completamente dependiente. Para nunca ser estado, lo mejor que nos ha pasado es el Covid-19.
Pensemos.

La reapertura de Wanda Vázquez, la población y el capital

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Wanda Vázquez Garced, la gobernadora de la güirita, la que nadie esperaba, ha hecho cosas monumentales. Ha domesticado tanto al capital como a la población boricua. Impuso por 10 semanas cuatro toques de queda, que lograron contener la operación del capital de consumo al detal y por otro lado, el comportamiento general de la población. Su poder, ejercicio por múltiples decretos, controló el país.

Ayer nos planteó que puede suavizar las normas de control y distanciamiento social. Ante este cuadro, ha planteado un toque de queda de tres semanas, más flexible, para permitir reabrir los negocios. Pero, ¿hay satisfacción plena en la población? Todo indica que la contestación es un tanto compleja. Por un lado todos los negocios podrán operar, de lunes a viernes en horarios básicos de 8:00 am a 5:00 pm. Para las ventas al detal, salvo las excepciones, el fin de semana está prohibido. No obstante, el efecto de esto es devolvernos a una antigua ley de cierres, que operaba de esta forma. Ni bueno ni malo, pero un control sobre el capital de ventas al detal.

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¿Habremos de volver a la "normalidad"?

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alt(Buenos Aires, 9:00 a.m.) Los gobiernos que apostaron a la “magia de los mercados” para atender los problemas de salud de su población exhiben índices de mortalidad por millón de habitantes inmensamente superiores a los de los Estados socialistas que conciben a la salud como un inalienable derecho humano.

La cruel pandemia que azota a la humanidad ha despertado reacciones de todo tipo. Unos pocos la ven como la cruel pero fecunda epifanía de un mundo mejor y más venturoso que brotará como remate inexorable de la generalizada destrucción desatada por el coronavirus. Si Edouard Bernstein creía que el solo despliegue de las contradicciones económicas ineluctablemente remataría en el capitalismo, sus actuales (e inconscientes) herederos apuestan a que el virus obrará el milagro de abolir el sistema social vigente y reemplazarlo por otro mejor El trasfondo religioso o mesiánico de esta creencia salta a la vista y nos exime de mayores análisis. Otros la perciben como una catástrofe que clausura un período histórico y coloca a la humanidad ante un inexorable dilema cuyo resultado es incierto. Quienes abrevan en este argumento están lejos de ser un conjunto homogéneo pues difieren en dos temas centrales: la causalidad, o la génesis de la pandemia, y el mundo que se perfila a su salida.

En relación a lo primero hay quienes adjudican la responsabilidad de su aparición a una entelequia: “el hombre”, como los ecologistas ingenuos que dicen que aquél -entendido en un sentido genérico, como ser humano- es quien con su actividad destruye la naturaleza y entonces el Covid-19 habría también sido causado por “el hombre.”

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