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¿Patria en Fuga?

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El Monomito, mejor conocido como el “Viaje del héroe”, es descrito como una travesía de descubrimiento según Joseph Campbell en su libro The Hero with a Thousand Faces. La teoría de Campbell se deriva de la cuidadosa observación del personaje arquetípico del héroe a través del desarrollo de la historia humana. Su teoría resume el camino del héroe a medida que, al recibir y responder a su llamado, pasa por una serie de procesos en los que varios aspectos hilan una trayectoria común.

El viaje del héroe establece que el personaje se lanza hacia la incertidumbre, dejando atrás lo que se conoce como el “mundo ordinario”. Una vez se traspasa el umbral hacia el mundo “desconocido” sus guías le acompañan en la travesía. Por lo regular, un mentor le prepara en camino a enfrentar los grandes retos que serán parte de su odisea. El héroe debe enfrentar grandes desafíos, para los cuales piensa que no está preparado, sin embargo, hay una fuerza interior que le impulsa a enfrentarse a cualquier obstáculo que se presente. El héroe va a pasar por el fondo; todos los héroes tocan fondo e incluso, algunos mueren. Sin embargo, en un giro inesperado, algún acto del “destino” lo levanta.

El héroe entonces recibe lo que se conoce como el “momento de iluminación” en el que un nuevo conocimiento le es revelado y regresa al mundo ordinario transformado a compartir su nueva visión con las personas que había dejado atrás. Su transformación entonces impacta el mundo y el colectivo se beneficia e ilumina, gracias a la valentía y compromiso del héroe. Algunas de las historias de héroes conocidas incluyen la historia mitológica de Hércules, Héctor en La Odisea, Dorothy en el Mago de Oz, Harry Potter, Superman, en fin, cada uno de nuestros héroes o heroínas favoritos han dado forma al Monomito.

Los héroes tienen miles de caras. Puerto Rico como país ha pasado el umbral del mundo ordinario, sin embargo, no se han vislumbrado serios héroes en su travesía… ¿O sí? Del deseo inconsciente del colectivo de que alguien nos guíe, aparece la figura del héroe, Lin Manuel Miranda. Salido del mundo ordinario hacia el desconocido mundo del espectáculo, Miranda se levanta, no solo con una carrera y genialidad artística heroica que apela al colectivo en su totalidad, sino que también se convierte en la voz de todo un país. En un momento de oscuridad, su figura emerge para apoyar el camino de un pueblo en medio de su episodio de “tocada de fondo” colectivo. Sin embargo, en medio de la desolación, es meritorio reconocer que todos, todos nosotros, somos héroes en nuestra propia vida. Es aquí, donde podemos mirar y comenzar a descubrir que ya se levantan la esperanza en camino a la redención, cuando al mirar los procesos, en vez de hundirnos en la tragedia y el drama, aceptamos y abrazamos la transformación que es inherente en el camino de todos los seres humanos.

Puerto Rico tiene héroes. Hemos comenzado a identificar héroes genuinos, con valores fundamentales que apelan al colectivo en general y a su vez, héroes que nos muestran el camino desde el umbral de lo desconocido hacia el portal de la iluminación. Ángel Cora, pintor puertorriqueño, arroyano y auto didacta, es uno de estos héroes. Auto denominado “Inventor de imágenes”, este Ingeniero Civil de profesión y pintor de vocación, retrata en su lienzo su alma pura, con una paleta apasionada emanada de los colores vivos de la campiña boricua y los claro oscuros de su formación religiosa, en un genial balance que crea, en cada una de sus piezas, una nueva historia que toca la fibra de quien le observa. Mi primer encuentro con el trabajo de este magnífico artista fue frente a su obra “Nació la esperanza”. Por primera vez, estuve de pie frente al nacimiento del niño Jesús de la forma en que debe realmente haber ocurrido. Luego, fui testigo de su genialidad al lado de la obra “A Julia en su hora perdida” y en esta ocasión, me desplomé ante su pieza histórica, “En fuga”.

La pieza, acrílico sobre lienzo, presenta el exilio puertorriqueño hacia los Estados Unidos mostrando un pueblo que atraviesa un océano abierto, que evoca la salida del pueblo de Israel a través del Mar Rojo. La bandera puertorriqueña crea una “alfombra” que permite el paso seguro hacia un nuevo horizonte, mientras, en primer plano observamos la simbología de una carreta, que a su vez nos recuerda las guerras en las que han participado nuestros soldados. Hay caña de azúcar y barriles de petróleo que evocan los procesos evolutivos económicos del país. Un hombre mayor se abraza a un hombre joven y ambos son observados por un tercer personaje junto a la carreta. De primera intención, pensaba que era esa gran dicotomía que vivimos en este momento: los que se quitan y los que se quedan…

Sin embargo, Cora aclara: “Es el hijo pródigo. El padre recibe al hijo que regresa mientras, que el hermano que se ha quedado, mira la escena con recelo.” Magistral. Cora resume en un espacio de 36” x 36” toda la odisea heroica de un país. La salida del mundo ordinario de un pueblo en camino a un mundo desconocido del cual algunos regresarán con un nuevo conocimiento que aportará al nacimiento de una nación de seres que han atravesado el camino que todos los héroes, o mejor digamos, todos los seres, estamos llamados a andar: el camino de la evolución. El Mar Rojo nos recuerda que muchos pueblos de la Tierra han pasado, y aun pasan por estos procesos porque son parte de nuestra naturaleza humana. Cora elimina el juicio. Aborda el tema con una soberana compasión que toca la víscera más insensible; de su paleta emana una paz indescriptible. Fueron muchos los espectadores que contuvieron sus lágrimas ante la espléndida representación del proceso de evolución de un pueblo.

Los héroes están aquí y están allá; los héroes cohabitan en todos los espacios. Al romper con la necesidad de juzgar los procesos humanos, y mirarlos desde la bondad desde donde los mira Ángel Cora, podemos dejar atrás el dolor, la desesperanza y logramos recordar que, aunque en el momento no podamos verlo, todo lo que ocurre sirve un propósito mayor. Es cuestión de mirar el cuadro; es justo y necesario sentirlo y dar gracias por la belleza, porque en el fondo, todo es bello y lo que no lo es, viene para pasar.

Foto cortesía Ali Francis García