El Proyecto Moncayo, ubicado entre los municipios de Fajardo y Ceiba, se ha convertido en uno de los desarrollos turísticos más controversiales de Puerto Rico. El proyecto contempla la construcción de un complejo de lujo que incluirá un hotel, residencias valoradas en millones de dólares y un campo de golf en una extensión de aproximadamente 1,100 acres de terreno costero. Sus promotores sostienen que la inversión privada, estimada en alrededor de $370 millones, impulsará la economía regional y fortalecerá la industria turística del este de Puerto Rico. Sin embargo, grupos comunitarios, residentes y organizaciones ambientales han expresado serias preocupaciones sobre sus posibles consecuencias ecológicas y sociales.
Uno de los principales motivos de oposición es el posible impacto ambiental del proyecto. La zona donde se desarrolla Moncayo alberga ecosistemas de gran valor ecológico, incluyendo bosque seco y áreas de manglar. Según denuncias de organizaciones ambientales y residentes, las labores de movimiento de tierra han alterado significativamente el paisaje y podrían afectar recursos naturales esenciales para la biodiversidad de la región. Además, se ha planteado preocupación por posibles efectos sobre áreas arqueológicas e históricas que forman parte del patrimonio cultural puertorriqueño.
Las protestas comunitarias han aumentado debido a la percepción de que el proyecto avanza sin una participación ciudadana adecuada. Diversos grupos han denunciado que se utilizan permisos originalmente otorgados hace varias décadas para proyectos anteriores en la misma zona. Los opositores argumentan que las condiciones ambientales actuales son diferentes a las existentes cuando se aprobaron esos permisos y que deberían realizarse nuevas evaluaciones ambientales antes de permitir la continuación de las obras. Las protestas comunitarias han surgido como respuesta directa a estas preocupaciones.
Durante 2026, residentes de Fajardo y Ceiba, junto con organizaciones como Marea Ecologista, realizaron convocatorias públicas bajo el lema “¡Moncayo no va!”, denunciando lo que consideran un “ecocidio” y reclamando la paralización de las obras. Los manifestantes argumentan que las comunidades locales no fueron consultadas adecuadamente y que no se celebraron nuevas vistas públicas para evaluar los impactos del proyecto de acuerdo con las condiciones actuales del área.
El principal portavoz de esa posición ha sido el legislador municipal del PIP Antonio Prieto Colón, quien ha denunciado posibles impactos ambientales, cuestionado la validez de permisos otorgados décadas atrás y advertido sobre riesgos de desplazamiento de residentes y privatización de recursos naturales. Mientras el Municipio de Fajardo ha sido criticado por mantener un perfil bajo en la controversia, el PIP ha solicitado investigaciones legislativas y ha respaldado los reclamos de grupos comunitarios y ambientalistas que exigen una evaluación más rigurosa del desarrollo.
Otro elemento central de la controversia es el tema del agua. Puerto Rico ha enfrentado periódicamente condiciones de sequía que afectan tanto a los embalses como al suministro de agua para las comunidades. En este contexto, muchos ciudadanos cuestionan la viabilidad de un proyecto que incluye un campo de golf y cientos de residencias de lujo. Aunque los desarrolladores sostienen que existen planes para manejar el recurso de forma responsable, los residentes temen que un desarrollo de esta magnitud incremente la presión sobre un recurso que ya es limitado en algunos municipios.
Los defensores del proyecto destacan principalmente sus beneficios económicos. Fajardo enfrenta desafíos socioeconómicos importantes. La tasa de desempleo municipal se encuentra alrededor de 6.9%, mientras que el ingreso mediano por hogar ronda los $25,563 anuales. Desde esta perspectiva, la inversión privada asociada a Moncayo podría generar empleos directos e indirectos en la construcción, el hotelería, el mantenimiento y otros sectores relacionados con el turismo.
No obstante, los críticos cuestionan quiénes serán los principales beneficiarios de ese crecimiento económico. Las residencias proyectadas tienen precios estimados de alrededor de $3 millones cada una, una cifra que está muy lejos del alcance de la mayoría de los residentes de Fajardo. Esta realidad ha llevado a plantear preocupaciones sobre procesos de gentrificación y desplazamiento, así como sobre el desarrollo de proyectos que parecen estar dirigidos principalmente a compradores de altos ingresos y no a las necesidades de vivienda de la población local.
La controversia alrededor de Moncayo refleja un debate más amplio que enfrenta Puerto Rico. Por un lado, existe la necesidad de atraer inversión, generar empleos y fortalecer la economía. Por otro, está la responsabilidad de proteger los recursos naturales, garantizar la sostenibilidad ambiental y asegurar que los beneficios del desarrollo lleguen a las comunidades locales. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre crecimiento económico y conservación ambiental que permita satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las de las futuras generaciones.