A principios del siglo XIX, no había en Hispanoamérica naciones en el sentido que hoy se le da al término, como “identidades nacionales”. No existía al inicio del proceso de la independencia ni Colombia, ni Venezuela, ni Argentina, ni México o Perú como proyectos “nacionales”. Y no era la defensa de esas “patrias” la motivación del proceso de las guerras civiles que terminaron en la independencia. 

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Andrés Arauz ha obtenido el 32.04% de los votos, Yaku Pérez el 20.12% y Guillermo Lasso un 19.48%. Por tanto, habrá segunda vuelta el 11 de abril. Pero no hay seguridad sobre si Arauz confrontará con Pérez o será con el banquero Lasso, porque ambos están dispuestos, como lo han dicho, a asegurar su “triunfo”, defendiéndolo voto a voto, ante semejante “empate técnico”. Hay 741 actas por procesar, 3.778 “actas con novedad” y el CNE anunció que demoraría algunos días más en dar los resultados finales. 

 Arauz, Lasso y Pérez han expresado intereses diversos. El progresismo (Arauz) es un bloque amplio, complejo y heterogéneo de nuevas izquierdas, clases medias, sectores populares, trabajadores, indígenas, empresarios pequeños y medianos, que no solo representa al “correísmo”, sino a quienes, sin ser necesariamente de ese campo, no se identifican con el neoliberalismo ni con las derechas. Lasso, en cambio, concentra los intereses de las derechas empresariales y políticas, que anhelan dar continuidad al modelo económico empresarial-neoliberal que levantaron durante las décadas finales del siglo XX, que fue revivido desde 2017 con el gobierno de Lenin Moreno y que, además, cuenta con el apoyo de elites cuyo ideal histórico se remonta al régimen oligárquico que vivió Ecuador entre 1912 y 1925, conocido como “época plutocrática”. Pérez, por su parte, patrocinado por Pachakutik, el brazo político del movimiento indígena de la CONAIE, fue apoyado por las izquierdas anti correístas (el viejo Partido Socialista patrocinó a César Montúfar y obtuvo el vergonzoso 0.63%), por los marxistas pro-bancarios (los “chinos”, en el lenguaje izquierdista), por las cúpulas de diversos movimientos sociales (entre ellos, reconocidos dirigentes sindicales) y, sin duda, por segmentos populares e indígenas que se hallan divididos, pues ha sido visible el apoyo de otros sectores indígenas a Arauz, quien incluso triunfa en la provincia de Imbabura (alcanza el 29.38%), con alta población indígena. 

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La 42 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, o más bien la avanzada no competitiva de un evento que realmente tendrá lugar en marzo, transcurrió con las limitaciones impuestas por la pandemia. El Festival nos trajo, como siempre, sus grandes y pequeñas películas, enmarcadas en algunas de sus tradicionales secciones no competitivas como Panorama Latinoamericano y La hora del corto.

Presentes en el Panorama Latinoamericano, o lo que es lo mismo, excluidas de la competencia. Aunque se presentó como un filme británico, se rodó completamente en Cuba, con actores y temáticas de la Isla, Mambo Man, codirigida por el realizador británico-iraní Mo Fini y el multipremiado músico cubano Edesio Alejandro. También pude apreciar el regreso a las grandes pantallas cubanas del muy recordado Héctor Medina, con El último balsero, que codirigieron desde Miami los jóvenes Carlos Rafael Betancourt y Oscar Ernesto Ortega.

Con una narración y visualidad indecisas entre el drama realista en torno al valor de las pequeñas cosas, y el prospecto turístico, musical y costumbrista sobre las provincias de Granma y Santiago de Cuba, Mambo Man pareciera una oda al emprendedor a través del improbable personaje de JC, combinación bizarra de agricultor, empresario, comerciante, promotor de música cubana, esposo, padre, y amigo de sus amigos.

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Se nos convoca a ofrecer nuestros comentarios en torno al tema Hostos, religión y moral: su concepto sobre la religión, su postura personal en torno a la misma, la relación entre religión y moral,  ello a partir de la exposición hecha por el Dr. Carlos Rojas Osorio en el programa radial Voz Alternativa. El privilegio que da el que sea precisamente Rojas Osorio quien en su  ensayo La filosofía en Hostos, introduce al lector al Volumen IX, Filosofía, Tomo I del Tratado de Moral de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos, Edición Crítica, nos permite anticipadamente proponer algunos comentarios al tema.

En el ensayo, bajo el sub tema Moral natural o de la religión, Rojas Osorio indica que “los deberes ‘naturales’ son para Hostos, deberes religiosos”. Esto es así, señala, porque “lo que su moral natural enseña es la ligazón entre la dependencia del hombre con la ‘causa desconocida’ de todas la cosas.”  Sin embargo, más adelante, el propio autor nos indica que Hostos no deja de tener “oscilaciones más o menos violentas” con respecto a este tema de la religión, y en específico, “con respecto a la existencia de una causa primera.”

Indica Rojas Osorio, citando de Hostos,  al respecto lo siguiente:

“No puede negarse que exista una Causa Originaria de la naturaleza y de nosotros mismos; pues esto sería tanto como negar la realidad efectiva del principio de la causalidad.”

Señala que Hostos al referirse a esa “causa primera” utiliza varios “epítetos”: “causa desconocida, causa de las causas, causa primera, lo absoluto, lo absoluto incognocible.” Nos aclara, sin embargo, que tal causa próxima o causalidad no significa en Hostos el concepto de Dios que conocemos. Señala que para Hostos, “ninguna religión es la verdadera”; que para él, todas son “interpretaciones humanas de la causa originaria.” Concluye señalando, que si para Hostos “ninguna religión es la verdadera y todas son meras interpretaciones, entonces no cabe ningún dogmatismo, intolerancia y mucho menos fanatismo.” Por esto, nos dice, para Hostos “ni el fanatismo religioso ni fanatismo ateo” son aceptables; para él sólo es aceptable o válida “la tolerancia fundada en la libertad de todas las religiones o creencias sobre la base de que no se puede afirmar nada de la causa desconocida.”

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Recientemente ha surgido la necesidad de ampliar la Carta de Derechos Humanos. Varios científicos han alertado sobre el uso ilegal de la tecnología, lo que puede incluir la lectura del cerebro o la utilización de este para alterar las funciones del cuerpo. Rafel Yuste, neurobiólogo español, propuso incorporar a la carta cinco neuroderechos inalienables: la privacidad mental, la identidad, personal, el libre albedrío, el acceso equitativo y la no discriminación.

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Como indica el título de este artículo, no pretendemos hacer una historia de la independencia de México, de la cual se han escrito muchos y muy buenos libros. Esto apenas pretende ser un esbozo que ayude a la compresión del conjunto de aquellos complejos acontecimientos a quien desee compartir estas modestas páginas. 

Se trata de un esquema interpretativo desde una óptica marxista que enfoque el acontecimiento no como usualmente lo trata la historia oficial, que lo proyecta desde la ña“nación”. Lo que hoy entendemos por ese concepto, no como se entendía en aquella época, que lo presenta como una lucha preconcebida para la instauración de estado nacional independiente. Enfoque que se repite en toda Hispanoamérica. La cabal comprensión de los hechos se logra, no partiendo de un supuesto proyecto de nación, sino desde la lucha de clases, en la que diversos sectores sociales se enfrentaban por proyectos distintos de Estado 

Nuestro esquema visualiza aquellos acontecimientos como una revolución en toda la extensión de la palabra, en el cual los objetivos iniciales de los actores no necesariamente coinciden con lo que termina sucediendo al final; proceso que inicia con modestas demandas democráticas y se va radicalizando conforme los sectores dominantes se resisten a reformas elementales. 

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           El pasado 1 de enero de 2021 se cumplió el 62 Aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. Su importancia y trascendencia en el desarrollo de los acontecimientos de América Latina, el Caribe nos impone la necesidad de una reflexión pormenorizada de este acontecimiento en sus sesenta y dos años de desarrollo. Más allá de tal impacto a escala regional y global, también nos impone la necesidad de evaluar esta Revolución a la luz de su impacto nacional en nuestra realidad como puertorriqueños. Después de todo, más allá de los lazos históricos que nos unen con el pueblo cubano, la década de 1950 en la cual se desarrolla la Revolución Cubana, también guarda estrecha relación con el nuevo modelo de dominación estadounidense sobre Puerto Rico y los efectos para ambos pueblos tuvo la llamada Guerra Fría. En tal sentido,  recordemos que el Caribe también fue escenario de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

            Cuba, al igual que Puerto Rico fue “descubierta” por Cristóbal Colón durante su segundo viaje a las Indias Occidentales, hoy América. Sus primeros años de desarrollo bajo el mandato español transcurrieron políticamente hablando de manera análoga a como fueron los primeros años en la colonización de Puerto Rico. A diferencia de Puerto Rico, cuya extensión territorial y ubicación geográfica favorecía más al desarrollo de una plaza militar que resguardara para España las rutas de navegación a través del Caribe desde y hacia el Sur y Centro América; las características de Cuba, rica en extensión geográfica respecto a Puerto Rico, con tierras llanas y fértiles, propició en esta el desarrollo de grandes latifundios inicialmente españoles y luego propiedad de criollos. Cuba, a diferencia de Puerto Rico que se desarrolló como una plaza militar para España, constituyó una plaza política desde el punto de vista de la administración gubernamental de España para sus territorios en el Caribe, a la vez que accesible a las rutas marítimas desde México y el sur de los Estados Unidos de América a partir de 1789.

            Ya desde 1823, estando aún en desarrollo los procesos de independencia en América del Sur, el Presidente estadounidense William Monroe había proclamado su doctrina expansionista en la cual se concebía que cualquier ruptura de Cuba o Puerto Rico con España, como una “ley natural” debería  llevar a estas islas al regazo de Estados Unidos. Según dicha doctrina, América era para los americanos como se denominaban ellos, con exclusión del resto de América del Sur, América Central o las potencias europeas. Su otra doctrina, la del Destino Manifiesto, convocaba a los Estados Unidos por parte de la Providencia Divina, a convertirse en el poder político hegemónico en este hemisferio

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El 9 de enero de 1964 estallaron 60 años de contradicciones sociales, políticas y culturales acumuladas por el sistema colonial de la Zona del Canal. Ese día saltó por los aires el estado tutelado en que se había convertido Panamá desde 1903. Aquel acontecimiento marcó un punto de quiebre de la política norteamericana en Panamá. 

Ese día eclosionó la experiencia acumulada del pueblo panameño, dirigida por sus sectores más combativos, que habían enfrentado la presencia colonial imperialista durante décadas. Acontecimiento de tal magnitud que obliga a reiterar dos afirmaciones axiomáticas, que se pasan por alto constantemente: 

La primera es que ese día hubo una verdadera revolución popular antiimperialista en Panamá. La segunda, esta sublevación popular fue nuestra verdadera gesta por la independencia nacional del siglo XX.  

El 9 de Enero no fue una protesta más en la larga lista de movilizaciones populares panameñas contra la presencia norteamericana. Por su masividad, combatividad y heroísmo popular fue una revolución, en todo el sentido legítimo de la palabra, y constituyó un verdadero salto adelante hacia la independencia nacional del tutelaje colonial.  

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